Sentimos. Pensamos. Hacemos.

Colibri 9 Koldo Saratxaga

Fotografía de Dulcey Lima.

Facilitar es ofrecer oportunidades

Hace unas semanas comencé a compartir una serie de reflexiones. En el primer artículo “Cuando el porqué y el para qué fluyen de manera natural” decía que quiero hablar desde las tripas. Y así seguí haciéndolo en el segundo artículo titulado “Creer es crear”. Arranco desde donde lo dejé.

La naturaleza está en pleno movimiento, en plena vida, en plena evolución, y el ser humano se queda agarrado a lo que tiene, se queda peleando por lo que quiere, se queda atrapado en sus creencias y archivos.

Desde esta manera que tengo de sentir el universo, la humanidad, y al ser humano, y entendiendo que he venido a cumplir una misión, no creo que tenga mucha relevancia lo realizado sino más bien si es coherente con ese mandato. Me siento bien en mi interior con lo que realizo y en el cómo lo realizo. No resulta fácil, si no hemos llegado a conocer cuál es nuestra filosofía de vida a titulo personal, hacia donde vamos y por qué vamos, poder trasladarlo a otras personas. “No resulta factible encontrar el camino y librarnos del sufrimiento si no nos libramos de la codicia, el odio y la ignorancia, ya que nos envuelven en un ciclo de avaricia, discriminación y separación y nos impiden captar la profunda realidad de todas las cosas”, según la filosofía Zen.

Uno llega a comprender, tras setenta y cuatro años en esta vida, que la evolución de una persona en una sola vida es muy corta y, por tanto, no hay que ser muy ambiciosos cuando queremos cambiar a las personas. Cuando tenemos el mando queremos frutos a corto y que las personas realicen su cambio cultural, subirse al carro en marcha para lograr los objetivos deseados. No hemos venido a cambiar a las personas sino a facilitarles su camino, a mostrarles, si es posible, senderos por los cuales poder transitar y experimentar. En las organizaciones facilitar es ofrecer oportunidades.

Si necesitamos cuatro personas nuevas para un trabajo concreto, se piden cuatro personas, las que sean porque esto tiene prisa, las que sean. Luego resulta que alguna de estas personas no funciona. Bueno… no funciona; ¿qué has hecho para que se sienta entusiasmada? Es cómo si quieres sembrar una semilla de calabaza entre piedras o en un lugar donde no hay humedad, no hay luz, es decir, no hay vida. Es lo mismo. Las personas tenemos nuestro momento y nuestro lugar, y cada instante es diferente. No somos muebles, no somos materia prima, no somos recursos. Y los que lo hemos experimentado, es así. Hay personas que están en un ambiente, en un entorno, con otras personas y no hay manera de que convivan, no hay manera de que fluyan. Pero resulta que si se les pone en otro lugar, no se les echa, no se les traumatiza, no se les dice “no vales”, no se le dice al niño o niña de 7-8 años “has sacado un suspenso”, fluyen sin problemas.

Estos días pasados una profesora de instituto me comentaba: “Todos los niños y niñas de mi clase van a aprobar, menos una que ha sacado un 4,5”. Y le digo, “perdona, no lo ha sacado, tú le has puesto un 4,5; tú eres la que tienes la vara de medir, tú eres la que has decidido poner un mismo examen para todas, señora profesora”.

Esa “personita”, como dice un buen amigo, de 12-13 años, igual ese 4,5 es un 9,5 con su vara de medir, porque está en su único y especial grado de evolución, está en su único estado de vida, con sus relaciones internas y externas, con su momento físico, mental, emocional y espiritual. Es necesario conocer a los y las alumnas mucho más de lo que el sistema educativo ofrece, y permite, para poder valorar que nota se merece desde su unicidad, y no desde su número en la clase. Estos detalles, esta manera de actuar por creencias y normas puede hacer, y hace, mucho daño al presente y futuro de esa personita; ante los compañeros y compañeras de clase es la única que no aprueba, y seguro que también afecta en su entorno familiar. La confianza en sí misma solo se puede ver afectada de manera negativa. Llevarle felicidad, con un 5 comprendido, y estar cerca, conocerla mejor y facilitar su caminar, es de todas todas la mejor opción.

Ponemos notas y hacemos rankings como si estuviéramos hablando de kilos de hierro o cifras de venta o producción. Les tratamos de RRHH a las personas y las controlamos y medimos con la misma vara de medir sin conocer casi nada de ellas, de su verdadero estado del SER, quizás algo anecdótico en todo caso.

Desde ese punto de vista, creo que el compartir tiene que ser con el respeto a la evolución de cada persona, repito, a la unicidad de cada persona. Y esto es lo que pretendemos lograr en cada una de las organizaciones que nos piden colaboración: conseguir que cada persona aporte lo mejor que tiene y puede en cada momento de su vida. Se trata más de sumar habilidades, y talentos naturales, que hojas de ruta y procedimientos desconocidos para quienes los aplican. De esta manera es muy fácil salir adelante en cualquier entorno, ya que mejorar el estado actual de relaciones en las organizaciones, de cualquier tipo, en general, es muy fácil. Aquí es solo sumar tangibles e intangibles diferentes. En las organizaciones jerárquicas hay demasiados corsés y demasiados intereses personales que no permiten bogar en la misma dirección; y, al final, malgastan y desgastan muchas habilidades y potenciales talentos de personas que acaban pasando y malgastando su vida por unos salarios que les permitan consumir.

Quienes tenemos responsabilidades deberíamos analizar el porqué no conseguimos que las personas se entusiasmen con lo que hacen. Tenemos que preguntarnos qué no estamos haciendo bien. Quizás tengamos que estar más cerca de las personas y conocer en directo que les ocupa y les preocupa. La comunicación informal es un río de información basado en conocimiento, en experiencias verdaderas. Cada persona es la que más sabe en aquello que hace a diario. ¿Por qué no tratamos juntas las decisiones que les compiten? ¿Por qué muchas veces preguntamos a los que mandan y no consultamos a los que hacen? Eso es pasado. Ya que una cosa es lo que esa persona hace y otra muy diferente lo que esa persona es.

En consecuencia, pienso que las personas juntas podemos evolucionar, precisamente sin estar siempre preocupadas y ocupadas por la cosecha. Eso no quiere decir que no tengamos que tener el foco en la eficiencia, pero más como una consecuencia, como ya he indicado, que como un fin. De lo contrario, si todas las decisiones y acciones se enfocan a lograr un máximo Resultado de la Explotación económica, tal como se denomina, todo lo que interviene en el proceso para lograrlo, materias primas, instalaciones, dinero o personas se convierten en recursos a los que hay que estrujar al máximo. En este caldo de cultivo es imposible obtener las habilidades y talentos de las personas.

A veces, aunque estemos en organizaciones con un paraguas humanoide, la realidad es que es más un paternalismo de corte eclesiástico que una manera de creer y compartir.

¿Por qué tanto empeño en el concepto de gestionar las organizaciones? Las organizaciones no se deben gestionar de la misma manera que se ha hecho en los siglos pasados. Las organizaciones deben fluir en armonía, con libertad de acción en lo individual y en los equipos, participando de las decisiones, sembrando juntas y disfrutando juntas de la cosecha, teniendo orgullo de pertenencia al hacer que el propósito nos una y el reto nos satisfaga a todas por igual. Esto no es nada fácil de lograr y hoy en día es una excepción.

Esto requiere de lideres sencillos, cercanos, preferiblemente elegidos y no puestos a dedo, que por lo menos sientan que los demás quieren que lo sea y que sienta el calor que esa energía humana traslada en esa confianza. Eso le llevará a creer en las personas, y así podrá facilitar y compartir todo lo posible e imposible para que el éxito sea sentido por igual.

(Sopuerta, Bizkaia, 1947) estudió Formación Profesional y, posteriormente, Ingeniería Técnica, en la Escuela de Ingeniería Técnica de Bilbao. Realizó, también, dos cursos de Empresariales y dos MBA, uno por la Universidad de Deusto y, el otro, por la Universidad Autónoma de Madrid. Está casado con Maite y tiene dos hijas, Joana y Ainara, y cuatro nietas/os, Udane, Irati, Ibai y Aroa.