Sentimos. Pensamos. Hacemos.

Las personas somos únicas

Creo en ti

Hace unas semanas comencé a compartir una serie de reflexiones que surgieron en un encuentro que tuve en Madrid, el pasado mes de octubre, con 18 organizaciones internacionales para conocer otras posibles formas de relación en el mundo de la gestión. En un primer artículo titulado “Cuando el porqué y el para qué fluyen de manera natural”, mostraba mi intención de hablar desde las tripas. Y así seguí haciéndolo en el segundo artículo “Creer es crear”, y en el tercero “Facilitar es ofrecer oportunidades”, donde concluía diciendo que para que las organizaciones fluyan en armonía, necesitamos de lideres sencillos, cercanos, preferiblemente elegidos y no puestos a dedo. Comienzo este quinto artículo donde finalicé el cuarto, afirmando que “Las personas somos únicas” y que como seres únicos solamente podamos conseguir cosas únicas.

Al finalizar mi intervención, surgieron una serie de preguntas que también quiero compartir.

• Pregunta 1. “¿Como se hace en una organización cuando varias personas coinciden en lo mismo y no hay para todos? Y si ves que para hacer feliz a esa persona no debería estar en la organización, o ese no es su lugar, ¿cómo se hace ese tránsito? En mi experiencia erramos, damos pasos para que hagan otras cosas y no se produce esa magia que te estaba escuchando de trabajar en entusiasmo, en lo que a uno le gusta…”.

• Pregunta 2. “¿Cómo equilibrar los ritmos? Algunas personas tardan mucho, y hay que intentar que todas estén allí; a lo mejor tenemos que conseguir un objetivo y es difícil unificar los ritmos”.

Respuesta. Koldo Saratxaga. “Entiendo que las preguntas van en el “cómo se hace” para que todas las personas estén felices, estén equilibradas, estén entusiasmadas en una organización grande y como poder, en un momento dado, buscar su sitio.

Una pregunta que suelo hacer a los ejecutivos es cuánto tiempo dedican a las personas. Tras pensarlo bien, me contestan que el 15 o el 20 % del tiempo de trabajo. Si les miro a los ojos, la mayoría rectifica y dice que dedica menos tiempo. Sin embargo, segundos antes han dicho públicamente que lo mas importante en su organización son las personas. La verdad es que les dedican muy, muy poco tiempo. La pregunta es: ¿a qué le dedicas tiempo si lo más importante son las personas y no se lo dedicas? No conocen a las personas, no se relacionan con ellas, lo delegan en otras personas del organigrama. Y no delegan la relación, sino más bien el control. Están en la gestión, nada que reprochar; están en ese grado de evolución, en ese grado de interés de querer lograr objetivos a corto, objetivos medibles. Yo he estado en organizaciones de 6 personas, y he llegado a incrementar a 3.000 personas en 14 años cuando empecé con una de 100; y dedicaba el 90% del tiempo a estar con esas personas.

Hay algo que hacemos nosotros en K2K; cuando empezamos a colaborar en una nueva empresa, y proponemos los cambios para la nueva organización, siempre preguntamos a las personas si están de acuerdo con la propuesta. Cierto es que lo pensamos mucho, y cierto es que la gran mayoría está de acuerdo. La pregunta es: ¿hemos preguntado a las personas si están donde quieren estar? Seguramente no, porque como unos cuantos digan que no, tenemos un problema. Pues no. No tienes un problema. Si tienes un problema es porque algo tienes dentro que te hace ver el problema; el problema no lo tienen ellos, el problema lo tienes tú, que desde tu cargo de responsabilidad lo ves difícil y lo ves complejo porque tienes un esquema de cómo tienen que ser las cosas, porque tienes una hoja de ruta, porque quieres ver un futuro que no existe, porque quieres diseñar un futuro con tu razón, con tu yo, con tus intereses, que no son ni buenos ni malos, con tus archivos, con tus CREENCIAS. Somos, en gran parte, aquello que hemos vivido hasta los 12-14 años. ¿Por qué un niño que ha sido maltratado acaba, tantísimas veces, siendo un padre maltratador? Porque es lo que ha vivido y acaba creyendo que quizás había una razón superior: “qué era para educarte, para que no fueras un bala y un sinvergüenza”, y ese niño acaba pensando que había una razón de ser por la que su padre era así y la acaba replicando.

Todas las personas tenemos archivos de música, cada cual las suyas, y todas diferentes. Sin embargo, con el tiempo actualizamos, añadimos nuevas piezas musicales y quitamos otras. Vamos evolucionando. Si no evolucionamos en nuestras creencias, que son con las que estamos diseñando la organización, no nos ponemos en el pellejo de las otras personas. Sí podemos preguntar, ¿dónde quieres estar? ¿Cuál sientes que es tu lugar adecuado en la organización? Nosotros, en K2K, lo hacemos porque vamos sin archivos, porque no conocemos a ninguna de las personas, porque partimos de una hoja en blanco. Sentimos, pensamos, compartimos. Para que en una organización fluyan bien las relaciones lo preguntamos personalmente. Y siempre hay uno de cada 100, no 40 ni 60, que dice “ahí no quiero estar”. Y ese es el éxito. Lo más importante son las personas, no es aquello que crees que saben, que han aprendido, sino la persona como un todo. Déjale estar donde mejor se encuentre y le estarás haciendo un favor a la organización y a la persona. Porque la persona lo va a vivir con mas entusiasmo y lo va a hacer mejor.

Lograr el mismo ritmo de todos es imposible, no es difícil, es imposible. No hay dos personas iguales. A mi me encanta lo imposible. Me encanta el reto y el riesgo, me encanta porque creo tanto en la energía que me rodea que sé que podemos lograr cualquier cosa. Y cuando me decían: “esto es difícil”; les decía: “entonces no estamos bien encaminados”. Y cuando decían: “imposible”; entonces sí, aquí vamos por buen camino”. Porque cuando ese imposible casi lo logras, el salto que pegan las personas es brutal. Sin embargo, hay que saber que no hemos venido a cambiar a las personas; por tanto, si uno lleva el ritmo de 4 porque tiene una cojera, no podemos ponerle en una carrera con otro de 20 años, que no tiene ningún problema físico, porque sería un trauma absoluto quererle llevar al mismo ritmo. Solo tenemos que ver que las personas están en diferentes momentos de su vida, en diferentes evoluciones; tenemos que simplemente dejar que cada persona aporte lo que pueda, en este concreto momento, pero que lo haga con ilusión, que esté feliz en lo que haga. Aunque haga menos, estamos en el éxito, y nuestra función como líder y acompañante, como persona que hacemos que fluya la armonía, también es lograr que los demás entiendan que somos diferentes y que no podemos exigir lo mismo.

El conjunto de personas es la unión de personas diversas. ¡Viva la diversidad! No hay dos hojas iguales, dos pétalos iguales, no hay dos rosas iguales, no hay dos insectos iguales, no hay dos personas iguales. Estamos diseñando el futuro y la manera de ser y pensar de las personas. Suma, suma con lo que son, no intentes igualarles”.

• Pregunta 3. “Todos tenemos nuestro ruido interno, vemos la organización desde nuestros ruidos también, ruidos que conviven y, a veces, están distorsionados. Hay personas que el resto ve como difíciles; y esa persona se ve, a lo mejor, dirigiendo, pero nadie alrededor quiere ser dirigida. O a lo mejor lo que él ve bueno para sí mismo, o donde él se ve, el resto no lo ve. Entonces, ¿cómo hacer para que la persona sea ella misma pero que no haga daño?”.

• Pregunta 4. “En las organizaciones buscamos personas que se adapten a nuestros perfiles, y siento que la propuesta aquí compartida es la contraria. Es decir, ¿con qué personas contamos, y qué somos capaces de crear juntos con lo que somos? Siento que la invitación es a cambiar la dinámica. Por ahí me surgen muchas dudas”.

• Pregunta 5. “Antes hemos visto una gráfica con las instituciones que estamos en colores TEAL. Las turquesas yo no las identifico con las instituciones religiosas a las que estoy más ligado. O entras en mi proyecto, esto somos, lo llevamos siendo siglos, o entras aquí en esta camisa en este corsé o no pasa nada, hasta luego… Y esto crea muchos conflictos. ¿Que le dirías a estas instituciones?”.

Respuesta. Koldo Saratxaga. “Vienen las preguntas por el lado de personas difíciles. ¿Cómo hacemos que no afecte a los demás? Ya veis cómo estamos queriendo diseñar, construir las relaciones entre personas y sus roles, como si fuera plastilina, para no afectar a los demás que se incomodan y me incomodan la organización.

Somos egoístas, “este con lo que hace me incomoda, este como hace menos me incomoda”; y esto puede ocurrir en una organización que está en pro del bien común. No sé el detalle, pero sé que tenéis una sensibilidad mayor que la media, con lo cual eso lo respeto y lo admiro. Sin embargo, caemos en que efectivamente “como este me dice que no le gusta…”. Siempre que os ocurra eso, el problema lo tiene el que os dice, “este no me gusta lo que hace”. Siempre, siempre, siempre. Y si a ti hay algo que no te gusta de esa persona, porque el otro te lo dice, el problema lo tienes tú. Porque esa persona está siendo como es; ¿qué es lo que ocurre? Que no vibra como nos gustaría. Cuando pone su archivo de música, no es tu música; tu archivo de música es otro. Tus creencias son otras. Y simplemente dices, “¿a donde vas con Beethoven a estas horas de la mañana?” Es su música, pero a ti a la mañana te gusta una música más alegre, más salsera, que te alegra la mañana y, simplemente, son músicas diferentes.

¿Qué hace un líder? Facilitar la música adecuada al momento. Cuando gestionamos eso nos crea problemas; cuando lideramos no, porque compartimos y nos dedicamos a que la organización, las personas, nos entendamos. Donde hay personas hay conflicto. Y para poder evolucionar es necesario entendernos y avanzar en armonía, no mover a las personas como peones de ajedrez para lograr mis propios objetivos. Hay una gran parte de la humanidad atrapada y a la espera de que le indiquen lo que tiene que hacer. Es la cultura creada por quienes tienen el mando. Esta es la realidad de la humanidad. Tenemos que marcarnos el objetivo de lograr que todas las personas sean parte del río, fluir juntos, compartir, entendernos. Y para lograrlo hay que hacer mucha formación, muchas reuniones, muchos talleres, mucha cercanía, escuchar, intentar entender a los demás, hacerles compartir cosas, hacer que se den un abrazo cuando vienen con un conflicto, todo ese tipo de cosas. Pero no puede ser que unos impongan al resto porque “no me gusta cómo funciona, no me gusta cómo responde, no me gusta cómo llega, no me gusta que no se compromete a nada”. Si te está creando problemas a ti es porque tú tienes problemas. Problemas de no entender a los demás, de no admitir a los demás, de no respetar a los demás como son, de no entender que sois diferentes.

Y, ahora, os quiero provocar un poco. Los que tienen el poder de decidir quieren meter personas con un perfil definido y cómodo. Cuando era joven solía ver los anuncios de ofertas de empleo en los periódicos para ver qué requisitos demandaban las empresas. Solía ser un perfil siempre cualitativo: aptitudes, experiencias, estudios… En mi experiencia, en las ofertas de empleo insistíamos en las actitudes, en los valores, desde el sentimiento: “queremos personas que vibren con nosotros, personas que quieran tener un proyecto común”, y no necesariamente los que más títulos tienen son siempre los que más pueden aportar. Solamente si tienen el alma necesaria, si son portadoras de dones y habilidades como propio bagaje. La diversidad del ser humano aporta riqueza, complementariedad y, por tanto, trabajo en equipo. El humano aislado aporta docilidad, humildad, miedo, materialidad, pero no aporta sueño, creatividad, diversidad, claridad, no aporta brillo, frescura, riesgo, energía. Los humanos somos diversidad por creación. La diversidad te ayuda; el éxito que nos acompaña viene de respetar la diversidad. La homogeneidad no te ayuda, es más de lo mismo.

Creo que las organizaciones que operamos con el Nuevo Estilo de Relaciones somos de las pocas organizaciones del mundo que, por criterio, nunca despedimos a nadie. Porque creo en la divinidad del ser humano. Y si la puerta del despido existe, aparece el yo, la gestión, la economía y dice, “sobran 20” porque hay una puerta que, si es necesario, se abre. Si no existe esa puerta, existe la puerta de la imaginación, del crear, del querer, del salir adelante juntos, y acabamos diseñando ideas para no echar a nadie. Hemos tenido crisis galopantes estando al 20, 30, 40% de la actividad normal, absolutamente en quiebra, y siempre hemos salido. Porque el ingenio sale y aporta soluciones que parecían impensables cuando las energías se suman para algo superior, por un propósito compartido”.

Cierro esta serie de artículos dando las gracias a la organización por esta invitación y a todas las personas que participaron en este encuentro. Y también agradecer las palabras finales que me dedicaron: “Una cosa que quiero resaltar en ti, Koldo, que a mi me ha quedado, es cómo miras a los ojos a cada persona y le dices, CREO EN TI”.

(Sopuerta, Bizkaia, 1947) estudió Formación Profesional y, posteriormente, Ingeniería Técnica, en la Escuela de Ingeniería Técnica de Bilbao. Realizó, también, dos cursos de Empresariales y dos MBA, uno por la Universidad de Deusto y, el otro, por la Universidad Autónoma de Madrid. Está casado con Maite y tiene dos hijas, Joana y Ainara, y cuatro nietas/os, Udane, Irati, Ibai y Aroa.